Corpus Christi 2018

Es tiempo de Paz. Es tiempo de Esperanza.


En enero de este mismo año, un sueño se cumplió. La ProHermandad de Jesús Despojado de sus Vestiduras, María Santísima de la Paz y Esperanza y San Juan Evangelista celebró la bendición de su Titular cristífero, Jesús Despojado de sus Vestiduras, el mismo día en que era nombrada Hermandad. Esa misma tarde salió el Soberano por las calles del centro de Alcalá y no tardó en llegar al barrio de Espartales. Desde ese momento fue como si el barrio hubiese adquirido una parte que le faltaba. Una parte de ese todo que constituye Espartales, una parte imprescindible. La mirada de amor, ternura y perdón del Señor a punto de ser crucificado, entregando su vida por nosotros, inundó los corazones de toda Alcalá, y por supuesto de los vecinos de Espartales.
Pues bien, en octubre Espartales se engalanará para dar la bienvenida a su Reina, a la Madre de Jesús Despojado, a María Santísima de la Paz y Esperanza. Espartales rellenó un hueco vacío con la llegada de Jesús  Despojado, pero aún le falta algo. Le falta una Madre. Y es que tan sólo han pasado 9 meses, y no son pocas veces las que he oído comentar que la Hermandad ha corrido demasiado para adquirir a su Titular Mariana. Yo no lo creo así. Creo que, si un hijo no puede estar sin su Madre más de 5 minutos sin echarla en falta, no debe Jesús Despojado, ni el barrio de Espartales, ni la ciudad de Alcalá, esperar ni un segundo más. Con nueve meses es suficiente.
Un amigo me comentó una vez que no podía escribir en su blog sin escuchar una marcha de procesión mientras lo hacía. Yo te digo, amigo, que mientras escribo esto suena “Macarena” de Abel Moreno, mientras imagino a María Santísima de la Paz y Esperanza llenando de amor las calles de Espartales, de ese amor materno que tanto echábamos de menos los vecinos del barrio. Pienso que no hay nada más bonito que corresponder ese amor hacia María, la que dio a luz al Salvador y sufrió por la Pasión y Muerte de su Santísimo Hijo, que dio la vida por nosotros, para resucitar al tercer día.
Y es que en numerosas ocasiones Nuestra Madre ha ayudado al que escribe estas líneas. Ella siempre ha estado junto a mí, acudiendo siempre a mi llamada, ofreciendo a una persona imprescindible en mi vida Salud y Socorro, y demostrándome una y otra y otra vez que, después de la tormenta, después de los momentos de Angustia, de Lágrimas, de Soledad, siempre llega la Paz y Esperanza. Es por ello que ardo en deseos de encontrarme con la mirada de la que tanto me ha ayudado siempre, como seguramente será el caso de muchos más vecinos de Alcalá y de Espartales, y de plantarme frente a Ella y volverle a repetir: “Madre, siempre estaré junto a ti. Jamás me separaré de tu lado, como jamás tú te has separado de mí”.

Es tiempo de Paz. Es tiempo de Esperanza.

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