Solemne Besamanos de Caridad y Ánimas en la Hermandad del Carmen

El final del principio.

Amanece en Alcalá un 29 de octubre de 2016 y te das cuenta de que no es un día normal. La luz que entra por tu ventana es una luz especial; es una luz llena de Paz y Esperanza. En la Parroquia de Santo Tomás de Villanueva, engalanada para la ocasión, está a punto de suceder algo grande, muy grande. A las 11:30 horas da comienzo la misa. Suenan las campanas para que el barrio entero se de cuenta de que María Santísima de la Paz y Esperanza está a punto de ser bendecida. Don Javier Ortega preside la misa, cargada esta de emoción, de ilusión, de sentimientos a flor de piel, y cuando llega el momento de la bendición de la imagen algo cambia. La mirada esperanzadora de María cobra un nuevo sentido. Jesús Despojado ya tiene Madre. Espartales tiene Madre al fin. Paz. Esperanza en el rostro del Soberano. Una imagen que hemos esperado con ansia: el Soberano junto a su Madre, una Madre que hemos esperado por mucho tiempo. Un Hijo con un brillo muy especial en sus ojos. Brotan las lágrimas; el sueño se cumple, y es algo que no podemos evitar. Lágrimas que acompañan a las de Nuestra Madre, una Madre que sufre la injusta sentencia de su Hijo de morir en la Cruz. Una Madre que, pese al dolor, nos llena con sus ojos color miel de una Paz esperanzadora. Su Hijo resucitará, y reinará por siempre a la derecha del Padre.
16:30 horas. Los Hermanos de la Hermandad de Jesús Despojado acuden a su cita. Hay que prepararse. María Santísima de la Paz y Esperanza les espera a todos en su paso; el paso de una Reina. A medida que avanza el reloj, los nervios aumentan. La ilusión aflora de nuevo. Llegan las 17:30 h. y se abren las puertas de Santo Tomás de Villanueva, es hora de que Espartales dé la bienvenida a su Reina, en el día de su Bendición. Día histórico, inolvidable, que guardaremos por siempre en nuestra memoria. Cinco horas son las que pasea la Señora por las calles de su barrio, inundando de Paz y Esperanza hasta el más recóndito rincón. Cinco horas tras las que María vuelve a casa, para encontrarse de nuevo con Jesús Despojado, a los sones de "A tí, Manué...", tras haber tenido el Soberano que esperarla. Termina un día increíble y a la vez todo acaba de empezar. Es el final del principio.

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